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4 jun 2014

POR QUE NO VAS A LA IGLESIA?

Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?». Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan». (Lucas 5:30-32

26 oct 2013

Comentario del Evangelio del Domingo: Los nuevos fariseos y publicanos / Por Raniero Cantalamessa, ofmcap.

Sirácida 12-14. 16-18; 2 Timoteo 4,6-8.16-18; Lucas 18, 9-14
26 de octubre de 2013.- El Evangelio de este domingo es la parábola del fariseo y del publicano. Quien acuda a la iglesia el domingo oirá un comentario más o menos de este tipo. El fariseo representa el conservador que se siente en orden con Dios y con los hombres y mira con desprecio al prójimo. El publicano es la persona que ha errado, pero lo reconoce y pide por ello humildemente perdón a Dios; no piensa en salvarse por méritos propios, sino por la misericordia de Dios. La elección de Jesús entre estas dos personas no deja dudas, como indica el final de la parábola: este último vuelve a casa justificado, esto es, perdonado, reconciliado con Dios; el fariseo regresa a casa como había salido de ella: manteniendo su justicia, pero perdiendo la de Dios.

A fuerza de oírla y de repetirla yo mismo, esta explicación en cambio ha empezado a dejarme insatisfecho. No es que esté equivocada, pero ya no responde a los tiempos. Jesús decía sus parábolas para la gente que le escuchaba en aquel momento. En una cultura cargada de fe y religiosidad como aquella de Galilea y Judea del tiempo, la hipocresía consistía en ostentar la observancia de la ley y santidad, porque éstas eran las cosas que atraían el aplauso.

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En nuestra cultura secularizada y permisiva, los valores han cambiado. Lo que se admira y abre camino al éxito es más bien lo contrario de otro tiempo: es el rechazo de las normas morales tradicionales, la independencia, la libertad del individuo. Para los fariseos la contraseña era «observancia» de las normas; para muchos, hoy, la contraseña es «trasgresión». Decir de un autor, de un libro o de un espectáculo que es «transgresor» es hacerle uno de los cumplidos más anhelados.
En otras palabras, hoy debemos dar la vuelta a los términos de la parábola, para salvaguardar la intención original. ¡Los publicanos de ayer son los nuevos fariseos de hoy! Actualmente es el publicano, el transgresor, quien dice a Dios: «Te doy gracias, Señor, porque no soy como aquellos fariseos creyentes, hipócritas e intolerantes, que se preocupan del ayuno, pero en la vida son peores que nosotros». Parece que hay quien paradójicamente ora así: «¡Te doy gracias, oh Dios, porque soy un ateo!».
Rochefoucauld decía que la hipocresía es el tributo que el vicio paga a la virtud. Hoy es frecuentemente el tributo que la virtud paga al vicio. Se tiende, de hecho, especialmente por parte de los jóvenes, a mostrarse peor y más desvergonzado de lo que se es, para no parecer menos que los demás.
Una conclusión práctica, válida tanto en la interpretación tradicional aludida al inicio como en la desarrollada aquí, es ésta. Poquísimos (tal vez nadie) están siempre del lado del fariseo o siempre del lado del publicano, esto es, justos en todo o pecadores en todo. La mayoría tenemos un poco de uno y un poco del otro. Lo peor sería comportarnos como el publicano en la vida y como el fariseo en el templo. Los publicanos eran pecadores, hombres sin escrúpulos que ponían dinero y negocios por encima de todo; los fariseos, al contrario, eran, en la vida práctica, muy austeros y observantes de la Ley. Nos parecemos, por lo tanto, al publicano en la vida y al fariseo en el templo si, como el publicano, somos pecadores y, como el fariseo, nos creemos justos.

Si tenemos que resignarnos a ser un poco el uno y el otro, entonces que al menos sea al revés: ¡fariseos en la vida y publicanos en el templo! Como el fariseo, intentemos no ser en la vida ladrones e injustos, procuremos observar los mandamientos y pagar las tasas; como el publicano, reconozcamos, cuando estamos en presencia de Dios, que lo poco que hemos hecho es todo don suyo, e imploremos, para nosotros y para todos, su misericordia.
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:
¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.
Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Lucas 18, 9-14

16 ago 2012

13 may 2012

Por que soy católico?



Autor: Hombre Nuevo
 laverdadcatolica.org
POR QUÉ SOY CATÓLICO...
"Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre." Efesios 4,4-5


LA FE VALE MAS QUE EL ORO.

La fe vale más que el oro. Por ello, si dudas, cerciórate antes; si estás cierto, compártela; si la perdiste, recupérala.

Yo antes era católico pero ahora soy...
Yo no apruebo, pero respeto tu decisión de cambiar la fe que Dios te dio por la que a ti te gusta. Pero permíteme decirte al menos, por qué soy católico, y por qué quiero seguirlo siendo.

1. Yo soy católico porque es la Iglesia que Cristo fundó.
¡Así de fácil y así de sencillo! Todo lo que hace Cristo, lo hace para nuestra salvación. Si Cristo fundó una Iglesia, lo hizo para salvarnos, y todos debemos adherirnos a ella. (Lumen Gentium n. 14). Si Cristo no fundó ninguna, entonces todas las iglesias son falsas y no debemos pertenecer a ninguna.
Por ello, a pesar de que reconocemos los muchos elementos de santidad y verdad en otras iglesias, para el católico no tiene sentido ni razón el dejar la Iglesia de Cristo para pasarse a otra fundada por un hombre, por más inteligente y famoso que éste sea.
Cristo nuestro único Salvador instituyó a su Iglesia Santa... Esta única Iglesia subsiste en la Iglesia católica. (Lumen Gentium n. 8). Esto es lógico, si hay un único Salvador, debe haber una única Iglesia. Yo respeto y reconozco las muchas cosas buenas que hay en otras iglesias cristianas pero yo quiero vivir y morir en la Iglesia que Cristo fundó.


2. Yo soy católico porque mi Iglesia es una familia.

Hay quien afirma: "Yo soy Cristiano de la Biblia y no necesito de la Iglesia". Pero esto es un error, porque ser cristiano es vivir en comunión con los demás, Dios quiere que nos ayudemos unos a otros en el camino de salvación.
Yahvé‚ mandó construir una barca a No‚ y se salvaron todos los que estaban dentro. Lee: 1 Pedro 3, 21 No‚ se salvo en familia. Por eso la barca es símbolo de la Iglesia.
Los israelitas se salvaron juntos, con Moisés como su jefe y guía. La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios. Si tú crees que puedes recorrer solo el desierto usando como mapa tu propia interpretación de la Biblia, no culpes a Dios si te pierdes. Lee: CIC = Catecismo de la Iglesia Católica, 781 ss.

Por eso Cristo no escribió un libro, sino fundó una Iglesia. (CIC 108). 
Por eso S. Pablo no llama a la Iglesia "club de Jesús", sino "cuerpo de Cristo" para que entiendas que al separarte de su Iglesia te separas de Cristo. Lee: Juan 15, 1-6.



3. Yo soy católico porque en la Iglesia conozco con certeza y totalidad la doctrina de Cristo.

Cristo mandó a sus apóstoles enseñar toda su doctrina, a todos, todo el tiempo. Lee: Mateo 28, 16-20. Y a nosotros escucharles a ellos: "quien a vosotros oye a mi me oye, quien a vosotros rechaza a mí me rechaza". Lee: Lucas 10,16.
Hoy hay muchos que predican a Cristo, y como S. Pablo nos alegramos, pero nosotros queremos escuchar sólo a quienes Cristo envió. Estos son los apóstoles y sus legítimos sucesores. Estudia: Lumen Gentium n. 8.


4. Mi Iglesia es la Casa de Dios.


Yo conozco iglesias protestantes muy grandes y bonitas y ahí Cristo puede hacerse presente si se reúnen en su nombre. Mateo 18,20... Pero no las cambio por la silenciosa, pobre y pequeña iglesia de mi pueblo, porque ahí está Cristo realmente presente, bajo las especies Eucarísticas. Lee: Sacrosantum Conciliumn.14. Ahí puedo hablar con Dios como con un amigo.
Lee: Éxodo 33,11.

Hay quien dice que todas las iglesias son iguales y es verdad, pero sólo por fuera. Por dentro, en mi Iglesia siempre está la lámpara encendida en el santuario, símbolo de la presencia de Dios. Lee: 1 Samuel 3,3. Con razón dice S. Pablo que la Iglesia es la casa de Dios vivo. Lee: 1 Timoteo 3,15. Yo no estoy dispuesto a dejar la casa de Dios para irme a la casa del vecino.


5. Yo soy católico porque es la única Iglesia que me ofrece a Cristo como Pan de Vida.

Yo no quiero que Cristo me reproche a mi: "Vosotros escudriñéis las Escrituras...pero no queréis venir a mí para tener vida." Lee: Juan 5,39-40. Él me invita: "Yo soy el pan de vida,... el que viene a mí no lo echaré fuera". Lee: Juan 6, 34 y 37.
Todas las iglesias cristianas escudriñan las Escrituras, es verdad, pero sólo la Iglesia Católica me ofrece a Cristo: el Pan de Vida eterna. Lee: Juan 6, 55-58.
Si Cristo me dejó la Eucaristía como memorial de su amor, ¿cómo me voy a olvidar de su amor? Lee: CIC1380.
No hay duda que en todas las iglesias se predican cosas bonitas de Cristo, pero ¿qué me pueden dar a cambio de recibir en mi corazón a Cristo realmente presente en la Eucaristía?


6. Yo soy católico por que Cristo me encomendó a su Madre.

El discípulo amado al pie de la cruz representaba a todos los cristianos. Si Cristo me dice: "Ahí tienes a tu Madre" ¿Cómo me voy a ir a una iglesia que me dice: "No, María no es tu madre"? Si S. Juan se la llevó a su casa ¿cómo me voy a ir a otra iglesia que ni siquiera me deja tener un cuadro de María?



7. Yo soy católico por amor a la Verdad.

Según el principio protestante de la interpretación privada de la Escritura, cada quien puede enseñar su opinión. Yo respeto la opinión de los demás, pero Cristo es la Verdad y no la opinión. La opinión lleva a la confusión y división, la verdad a la unidad y certeza.
Cristo erigió a su Iglesia como columna y fundamento de la verdad. Lee: 1 Timoteo 3,15. Por eso "La Iglesia Católica es la maestra de la verdad, y su misión es exponer y enseñar automáticamente la Verdad que es Cristo." (Dignitatis Humanae n. 14).
Nosotros no negamos que en otras iglesias cristianas haya muchos elementos de verdad. Un trozo de espejo puede muy bien reflejar la luz del sol, pero no por eso voy a dejar al sol para quedarme con su reflejo.


8. Yo soy católico porque me entusiasma el testimonio de sus santos, el heroísmo de sus mártires, la multitud de sus vírgenes, el celo de sus predicadores, el ardor de sus misioneros.

Hay quien pretende confundirnos mencionando los malos Papas, los malos sacerdotes, la Inquisición, etc. Yo les respondo así: "A mí enséñame una Iglesia que tenga más mártires que hayan dado su vida por Cristo, más misioneros que hayan predicado el Evangelio, más mujeres consagradas al servicio de los más pobres, y yo me voy con ella". Su silencio es elocuente.
Sí, es en la Iglesia Católica donde yo veo el poder de Cristo más fuerte, la gracia de Cristo más abundante, su santidad meas atractiva, su caridad más eficiente, por eso soy y quiero seguir siendo católico.


9. Yo soy católico porque a Cristo no le gustan las divisiones y quiere que todos unidos formemos un solo rebaño bajo un solo pastor.

Jesucristo quiere la unidad. Lee: Juan 17,21. El sectario primero siembra duda y desconfianza, después corta y separa, y por ultimo acapara.
Jesucristo quiere que en su Iglesia haya un solo rebaño y un solo pastor. Lee: Juan 10,16. Cristo desea que estemos unidos y no divididos en multitud de iglesias al gusto del consumidor. Lee: CIC820.
Los apóstoles nos exhortan a la unidad. ´Un solo cuerpo y no miembros divididos, un solo Espíritu y no muchos espíritus, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre. Lee: Efesios 4,4.
Hay algunos cristianos que dicen que ellos sólo aceptan la Biblia, y se auto nombran pastores con derecho a formar su propio rebaño, fundar su propia esperanza, inventar su propia fe y establecer su propio bautismo y, en definitiva, no aceptan otro señor que el de su propia razón y juicio para interpretar la Biblia.


10. Porque mis padres me bautizaron.

Yo soy católico porque mis padres me bautizaron, es verdad, y no me avergüenzo, porque un padre quiere siempre lo mejor para sus hijos. A otros les heredan dinero, a mi me heredaron la fe, y no la cambio por todo el oro del mundo.


11. Soy católico por la gracia de Dios.

La fe católica es un talento que Dios te dio y te va a pedir cuentas de él. Tú eres culpable si lo pierdes por tu negligencia. Lee: Mateo 25, 24-28. Por eso dice Jesús: "El que perseverare hasta el fin, se salvará." Lee: Mateo 10,22.
El Papa lo decía hace poco con estas palabras: "La enseñanza de las sectas y de los nuevos movimientos religiosos,... se opone a la doctrina de la Iglesia católica; por eso, la adhesión a ellos significaría renegar de la fe en que habéis sido bautizados y educados". (J. Pablo II al Emigrante).
Si la fe es un talento de Dios, entonces tengo el compromiso de conservar, fortalecer y multiplicar mi fe evangelizando a los demás. Esto me ayuda además, a entender que no basta tener argumentos, es necesaria la luz de Dios para acercar a otros a la fe. Por ello te voy a dar varios consejos:

• Estudia tu fe. La Iglesia Católica no tiene miedo de la verdad, lo único que teme es la ignorancia.
Martín vendía piedras del desierto para coleccionistas. Un día, un geólogo entró a su tienda para comprar un recuerdo para sus hijos. Tomó una que le llamó la atención y preguntó: "¿Cuánto vale esta?" - "Todas valen 20 dólares, pero como esa no es muy bonita se la dejo en 10". El cliente pagó el precio y de ahí se dirigió al Banco a depositarla: Era un zafiro en bruto que valía meas de un millón de dólares, pero Martín ignoraba su valor.
• Practícala. Muchos cambian su fe porque nunca la practicaron. La fe no entusiasma sino al que la vive.
En esa misma línea el Papa decía hace poco: "Uno de los motivos que pueden llevar a acoger las proposiciones de esos nuevos movimientos religiosos es la poca coherencia con que algunos cristianos viven su compromiso cristiano, y también el deseo de una vida cristiana más fervorosa, que se espera experimentar en determinada secta, cuando la comunidad que se frecuenta está poco comprometida.
Pero se trata de un engaño. Del malestar interior antes mencionado, se sale mediante una verdadera conversión interior, según el evangelio y no afiliándose irreflexivamente a esa clase de grupos". (J. Pablo II, Jornada Mundial del Emigrante).
• Compártela. La fe se fortalece dándola.
La fuerza de las sectas está en el silencio y en la inacción de los católicos. La verdad no necesita ni de gritos ni de alharacas, se impone por sí misma, basta predicarla con claridad y vigor. Cumple tu deber de evangelizar repartiendo los folletos de Fe y Evangelio y ora antes de hacerlo para que Cristo bendiga tu trabajo.


EL CONCILIO NOS HABLA.

El Concilio reconoce que fuera de la Iglesia Católica se encuentran muchos elementos de santidad y verdad, y nos sentimos unidos a esos hermanos en Cristo (Lumen Gentium n. 8). Pero con igual firmeza afirma que la plenitud de gracia y de verdad fue confiada a la Iglesia Católica, y a esta Iglesia el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza (Unitatis Redintegratio n. 3).

Todos enseñan verdades, unos menos, otros m s, pero la Iglesia Católica es la que me guía a toda la verdad (Lumen Gentium n. 4). 
Ella, por voluntad de Cristo, es maestra de la verdad (Dignitatis Humanae n. 14).

La Iglesia reconoce que hay muchos que honran la Sagrada Escritura como norma de fe y vida (Lumen Gentium n. 15), pero afirma que a esa Escritura va unida la Tradición y el Magisterio de modo que ninguno puede subsistir sin los otros. (Dei Verbum n. 10).
Como las grandes obras maestras, a la Iglesia de Cristo todos la imitan, pero ninguno la iguala ni supera, porque es obra de Cristo.


ORACION

Señor Jesús, no dejes que los cuervos de la duda se coman la semilla de la fe que Tú plantaste en mi corazón; ni sea ahogada por las espinas de mis propias pasiones, sino que a través del estudio y del testimonio, eche raíces en mi corazón y da mucho fruto. Amen.

25 feb 2012

I Domingo de Cuaresma (Mc 1,12-15) - Ciclo B: El día que yo cambié


Por el Padre Clemente Sobrado C. P.

La Cuaresma es un camino que quiere sacarnos de donde estamos para llevarnos a una meta de libertad y plenitud.
Es el recuerdo de un camino que partió de la esclavitud y, atravesando el desierto, llevó a una patria nueva y a una vida nueva.
Es el camino que, partiendo de nuestro desierto de luchas y tentaciones, nos lleva a la mañana de Pascua.
Más que tiempo de ayunos y abstinencias es un tiempo de decisiones:
Es tiempo de enfrentarnos con nosotros mismos.
Es tiempo donde es preciso definirnos entre “ser o no ser”.
Es tiempo donde es preciso definirnos entre “ser nosotros mismos” o “ser como todos”.
Es tiempo donde se da esa lucha, esa tentación entre aceptar el reto de vivir en nuestra verdad o seguir engañándonos, maquillados con falsas imágenes copiadas de los demás.
Es tiempo de tentación: la tentación de ser o no ser.
La tentación de ser o seguir siendo a medias.
Por eso es tiempo de decisión.
Donde decidimos, no sobre los demás, sino sobre nosotros mismos.
No es una batalla que se da fuera, sino en la mente y el corazón.

El punto de partida: lo que somos, donde estamos.
El camino: lucha por ser más, un horizonte nuevo.
La meta: una mañana de Pascua donde resucitemos como seres nuevos.

Me encantó lo que leí de Walt Disney, hablando de su propia experiencia y que pudiera ser la nuestra. Lo titula “El día que yo cambié”:
“Decidí no esperar las oportunidades sino salir a buscarlas.
Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.
Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.
Decidí ver cada noche como un misterio a resolver.
Y cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Aquel día comencé a ser fuerte, feliz de verdad, gracioso.
Aquel día dejé de temer por cada vez que perdía.
Y sentí que para vencer no es necesario ganar.
Ví que dar lo mejor de mí me hacía feliz, así no fuera el primero, así no me coronaran o me aplaudieran.
Sentí nuevamente que el único rival soy yo mismo.
Me dejó de importar quien ganara o perdiera.
Ahora me importa simplemente sentirme mejor que ayer.
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
Pero también vi que a veces se cae, y que el único camino es levantarse y seguir.
Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, “el amor es una filosofía de vida”.
Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas…
Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo solo para descansar, ahora también duermo para soñar…” (Walt Disney)

La Cuaresma no es tiempo de penitencias.
Es tiempo de “penitencia”.
Es tiempo de cambio. Tempo de sueños.
Y cuando decidimos cambiar, todo cambia en nosotros y a nuestro alrededor.
Cambia nuestra manera de ver.
Cambia nuestra manera de vivir.
Cambia nuestra manera de estar.

¿Y por qué, entonces, seguimos teniendo miedo al cambio?
¿Por qué, entonces, seguimos teniendo miedo a abandonar nuestras esclavitudes?
El día que “yo decida cambiar”:
No solo cambiaré yo mismo.
Todo cambiará a mi alrededor.

También a nosotros “el Espíritu nos empuja al desierto”.
También nosotros vivimos en medio de esas fieras de nuestros miedos.
También nosotros vivimos en medio de esas luchas internas.
Pero no estamos solos.
Jesús lucha en nosotros y con nosotros.
Por eso, el final del camino ya no será desierto, sino jardín de la Pascua.
Allí nos esperamos encontrar todos.
Allí nos esperan las flores de la primavera de la nueva vida.

8 ene 2012

Inmersos en Cristo, conscientes del don recibido, enviados en el mundo



Lectura del Santo Evangelio según SanMarcos (Mc. 1, 17-11)
Gloria a ti, Señor Jesús

Juan proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» 

Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»
Palabra de Dios
Gloria a ti, Señor Jesús


Oración inicial 

Espíritu Santo que aleteabas en las aguas de la creación y has guiado los pasos de Moisés en el desierto, ven hoy sobre nosotros y sumérgenos en tí, para que nuestros pasos y sentimientos sean orientados hacia Cristo, en la escucha de su Palabra. 
Mora en nosotros, Espíritu del Padre, y guíanos a la verdad de nosotros mismos y al conocimiento del Hijo de Dios que nos redime y y nos hace ser una sola cosa con él, para que en nosotros pueda también el Padre complacerse.


Una clave de lectura 

También Cristo, en su humano caminar, ha debido tomar gradualmente conciencia de su propia identidad y del papel confiado por el Padre dentro de la historia humana. 
El acontecimiento del bautismo en el Jordán indica esta toma de conciencia y proyecta a Jesús más allá de los confines de la propia tierra, la Galilea, a una misión de confines universales y en una dimensión de compartir la condición humana hasta lo inimaginable para él y sus profetas: es Dios mismo el que "desciende" junto al hombre, aún conociendo sus debilidades, para hacerlo "subir" hacia el Padre y darle acceso a la comunión con El. La "complacencia" del Padre que Jesús recibe en el Espíritu Santo lo acompañará siempre en el caminar terreno, haciéndolo constantemente consciente del amor gozoso de Áquel que lo ha enviado al mundo.

Un espacio de silencio
interno y externo, para abrir el corazón y dar espacio para que la Palabra de Dios venga a nosotros.


La Palabra que se nos ha dado

• El bautismo: los ritos de purificación mediante baños o abluciones eran frecuentemente usados en el hebraísmo de la época de Jesús (cfr Mc 7, 1-4), también entre los esenios del Qumran, como práctica cotidiana.
La palabra bautismo indica un baño, una inmersión completa en el agua, y deriva del verbobaptizare, poco usado en el Antiguo Testamento griego a causa de la forma negativa de su significado: sumergir, hundir, aniquilar (anegando o hundiendo en el agua).
Esta acepción negativa solo falta en 2Re 5, 14: la curación de Naamán, obtenida por una serie de baños en el Jordán practicados por orden de Eliseo. De aquí deriva el uso positivo en las épocas siguientes.

• El bautismo de Juan: caracteriza toda su actividad ( de modo que llega a ser su nombre: cfrMc 1,4) y vuelve a tomar las prácticas existentes, introduciendo algunas novedades. Juan hace su trabajo en un lugar impreciso a lo largo del Jordán y confiere el bautismo en el agua corriente del río, no en locales a propósito y en aguas preparadas para el rito. La conversión y la penitencia pedidas por él (Mc 1,4) miran más al plano moral que al ritual (cfr Lc 3,8) y el rito indicado de tal cambio existencial (baño y confesión de los pecados) sucedía una sola vez en la vida. Además, Juan dice claramente que su bautismo es sólo preparación de un suceso purificatorio más radical y directamente conectado al juicio final de Dios: el "bautismo en el espíritu" y en "el fuego" (cfr Mc 1, 7-8; Mt 11-12).
El pueblo de la Judea y de Jerusalén acoge ampliamente la predicación de Juan, en tal forma que fueron gran número los que se acercaban a él para obtener el bautismo (Mc 1, 5) como incluso narra Flavio Josefo: es la realización evidente de la palabra profética citada por Mc 1, 2-3.

• Jesús y Juan en el Jordán: Juan sabe muy bien que no es el Mesías y de que es muy inferior a él en dignidad, aun siendo llamado a prepararle la venida, ya inminente (Mc 1,7-8). Todos los evangelios refieren este conocimiento, subrayada aquí por el uso del verbo en pretérito para el proprio bautismo y en futuro para el bautismo del Mesías. Esto refleja la preocupación (típica de las primeras comunidades cristianas) de mostrar la superioridad del bautismo cristiano al bautismo de Juan, al mismo tiempo que la preeminencia de Jesús el Cristo sobre Juan el Bautista (cfr Mt 3, 14; Jn 1,26,34).
Marcos sintetiza al máximo la predicación de Juan; en particular, omite lo que se refiere al divino juicio final (cfr Mc 1, 7; Mt 3, 10-12), con el fin de poner en mayor relieve la predicación de Jesús.

• El bautismo en el Espíritu: es el bautismo escatológico ya prometido por los profetas (cfr Jn3, 1-5), ligado al fuego del juicio y también bajo forma de aspersión (cfr Ez 36. 25). Jesús lo recibe inmediatamente después y su bautismo será origen y modelo del bautismo de los cristianos. Por tanto, la comunidad cristiana se funda sobre el don del Espíritu Santo.

• Jesús viene de Nazaret: Jesús sobresale en medio de la gran muchedumbre de penitentes judíos ( cfr Mc 1,5), porque proviene de una zona a la cual no había llegado nada más que los ecos de la predicación penitencial del Bautista, la Galilea (Mc 1,9). Este es un lugar importante para Marcos: Jesús inicia allí su actividad y allí es bien acogido; después de la Pascua, es allí donde los discípulos se reunirán (16,7) y lo entenderán plenamente y es desde allí de donde saldrán para la misión (16,20).
A la luz de lo que dirá después la voz celestial, Jesús no es sólo "más fuerte" que Juan, sino que tiene una naturaleza muy superior a él. Y sin embargo él ha descendido entre aquéllos que se reconocen pecadores, sin tener ninguna disminución de la propia dignidad (cfr Fil 2, 6-7): es "la luz que brilla en las tinieblas" (cfr Jn 1,5).
El segundo evangelio no trae los motivos por los cuales Jesús va a recibir el bautismo de penitencia, aunque el acontecimiento es uno de los más esperados históricamente entre los narrados en los evangelios: al evangelista le interesa primariamente la revelación divina que sigue al bautismo de Jesús.

• Vio que los cielos se rasgaban: no es una especie de revelación reservada a Jesús. Los cielos, literalmente, "se rasgan" oyendo la invocación de Isaías: "Si tú rasgaras los cielos y descendieras" (Is 63, 19b). Se abre así una fase del todo nueva en la comunicación entre Dios y los hombres, después de un tiempo de separación: esta nueva relación se confirma y llega a ser definitiva con la muerte redentora de Cristo, en cuyo momento "se rasgó" el velo del Templo (cfr Mc 15,38) como si una mano del cielo la hubiese golpeado. Por lo demás, la Pascua de muerte y resurrección es el "bautismo deseado" de Jesús.(cfr Lc 12,50).

• El Espíritu descendió sobre él: Jesús sale del agua del río e inmediatamente después, abiertos los cielos, "desciende" el Espíritu y se posa sobre él. Entre tanto se ha acabado ya el tiempo de la espera del Espíritu y se reabre el camino directo que une a Dios con los hombres. Marco muestra plásticamente que es Jesús el único poseedor del Espíritu que lo consagra Mesías, lo vuelve plenamente consciente de ser el Dios-Hijo, lo habilita y sostiene en la misión querida por el Padre.
El Espíritu, según Marcos, aparece sobre Jesús en figura de una paloma. Esta, ya en la narración referente a Noé, está puesta en relación a las aguas y a la obra de Dios en el mundo (cfr Gn 8,8-12). En otro lugar, la paloma se utiliza como reclamo a la fidelidad y por tanto a la estabilidad del don, por su constancia en retornar al lugar del que sale (cfr. Ct 2,14;Jn 1, 33-34); el Espíritu se posa establemente sobre Jesús y se posesiona de él. En esta frase de Marcos podemos también leer de rebote el "aletear del espíritu de Dios sobre las aguas" de la creación (Gn 1,2); con Jesús comienza verdaderamente una "nueva creación" (cfr Mt 19,38; 2Cr 5,17; Gal 6,15).

• Una voz que venía de los cielos: con la llegada de Jesús se ha restablecido la comunicación entre Dios y el hombre. Aquí no se trata de la que los rabinos llamaban "hija de la voz", substitución incompleta de la palabra profética, sino de una comunicación directa entre el Padre y el Hijo.

• Vino …se vio descender…se oyó: admiramos la condescendencia de la Trinidad que "se abaja" hacia los hombres: desciende al Jordán en Jesús para recibir el bautismo como tantos pecadores, desciende sobre Jesús en el Espíritu por la autoconciencia y la misión ydesciende en la voz del Padre para confirmar la filiación.

• "Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco": varios pasajes del Antiguo Testamento pueden ser evocados por Marcos, para subrayar al menos con la alusión la importancia y los diversos valores de las palabras celestes.
Ante todo, se evoca a Isaías 42, 1: "He aquí mi siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él; el dará el derecho a las naciones"; es Jhwh que presenta a su fiel siervo. Aquí, sin embargo, no se usa el título de "siervo", aunque sí el de "hijo" entrelazando el texto profético con un salmo de investidura real y mesiánica: "El me ha dicho: Tú eres mi Hijo, hoy yo te he engendrado" (Sal 2, 7). El evangelista ( a la par de los otros sinópticos) deja asomar así cual sea su identidad humana-divina y la misión de Jesús.

• "Mi Hijo el predilecto": A la luz de la fe pascual, Marcos no podía ciertamente entender esta revelación como la adopción del hombre Jesús por parte de Dios. La voz del cielo es una confirmación de una especial relación entre Jesús y el Padre. El título de Hijo de Dios es atribuido a Jesús ya en el primer versículo de Marcos y después al término de la pasión, en la declaración del centurión: "Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios" (Mc 1, 1; 15,39), pero aparece frecuentemente en varias formas (cfr 3,11; 5,7; 9,7; 14,61). Para Marcos, el título de "Hijo de Dios" es particularmente relevante para la comprensión de la persona de Jesús y para la plena profesión de la fe, y de tal manera importante, que se convierte después en un nombre atribuido a Jesús por los Cristianos, con el cual ellos tratan de proclamar los elementos esenciales de la propia fe en El. (cfr Rm 1,4); el mesías rey, el salvador escatológico, el hombre con una especial relación con la esfera divina, el resucitado de entre los muertos, la segunda persona de la Trinidad.
El hecho de que la voz del cielo lo proclame "el predilecto", "amadísimo" (como se repetirá en la Transfiguración: 9,7; cfr también 12,6) pone de relieve la relación del todo singular del Padre con Jesús, tan especial, que oscurece todas las demás relaciones de los hombres con Dios, por más privilegiadas que sean. También Isaac, como Jesús es el hijo "único y predilecto" (cfr Gn 22,2) y a quien no se le ahorra la angustia de la muerte violenta (cfr Heb5,7).

• "En ti me complazco": estas palabras subrayan la elección mesiánica de Jesús, fruto de una benevolencia del Padre que muestra así su absoluta preferencia hacia el Hijo en el que halla gozo y satisfacción (cfr Is 42,1) mientras, obediente, comienza su misión para llevar los hombres al Padre (cfr Mc 1,38).


Algunas preguntas para orientar la reflexión y la actuacción.

a) También Jesús como nosotros, está viviendo una fase de paso: el paso de la "vida escondida" a la "pública", nosotros estamos pasando de las fiestas natalicias al trabajo "ordinario". Éste es el tiempo en el que explicar nuestra misión, que consiste en el quehacer cotidiano (a veces arduo y siempre árido) de expresar en la vida la conciencia de que Dios Hijo está con nosotros como hermano y salvador, repartiendo los dones recibidos en el Bautismo. ¿Soy consciente de la misión que me ha confiado el Padre?¿Consigo expresarla en la vida normal o me limito a esperar las grandes ocasiones? 

b) El Espíritu revela definitivamente a Jesús su identidad. ¿He tratado de mirarme a mí mismo (identidad, talentos,virtudes, defectos, condición social, etc) a la luz del Espíritu de Áquel que me ha creado? ¿Consigo mirarme dentro en la verdad y sin temor de mis "puntos de sombra"? 

c) El Bautismo nos ha hecho "hijos de Dios en el Hijo": la complacencia del Padre está también sobre nosotros y también nosotros somos ya sus "predilectos" (cfr Jn 2,7; 3,2.21; etc.). ¿Soy consciente del amor con el que el Padre me mira y se relaciona conmigo?¿Sé responder a ello con la simplicidad y la docilidad de Jesús?

d) En nuestra lectura se encuentra una manifestación de la Trinidad en acción: el Espíritu desciende sobre Jesús, el Padre habla al Hijo, abriendo una nueva comunicación con los hombres. ¿Cómo es mi oración? ¿A quien la dirijo normalmente?¿Me acuerdo que también yo vivo "inmerso" en la Trinidad y que también para mí se han "rasgado" los cielos?


Salmo 20

Rezamos el Salmo con la conciencia de ser predilectos de Dios y acompañados por Él siempre con gran ternura
¡Yahvé te responda el día de la angustia,
protéjate el nombre del Dios de Jacob!
Te envíe socorro desde su santuario,
sea tu apoyo desde Sión.
Tenga en cuenta todas tus ofrendas,
encuentre sabroso tu holocausto;
colme todos tus deseos,
cumpla todos tus proyectos.
¡Nosotros aclamaremos tu victoria,
celebraremos alegres el nombre de nuestro Dios!
¡Yahvé responderá a todas tus súplicas!
Reconozco ahora que Yahvé
dará la salvación a su ungido;
le responderá desde su santo cielo
con proezas victoriosas de su diestra.
Unos con los carros, otros con los caballos,
pero nosotros invocamos a Yahvé, nuestro Dios;
ellos se doblegan y caen,
nosotros seguimos en pie.
¡Oh Yahvé, salva al rey,
respóndenos cuando te llamemos!


Oración final

El contexto litúrgico no es indiferente para comprender este Evangelio. Tomemos el prefacio para elevar nuestra oración a Dios:

"En el Bautismo de Cristo en el Jordán, oh Padre,
tú has obrado signos prodigiosos
para manifestar el misterio del nuevo lavado (nuestro bautismo);
del cielo has hecho oir tu voz,
para que el mundo creyese que tu Verbo estaba en medio de nosotros;
con el Espíritu que se posaba sobre Él
como paloma, has consagrado a tu Siervo
con unción sacerdotal, profética y real,
para que los hombres reconociesen en Él al Mesías,
enviado a traer a los pobres la alegre noticia".
Concédenos darte gracias y glorificarte
por este don sin medida,
por haber enviado a tu Hijo, nuestro hermano y maestro.
Haz reposar sobre nosotros tu benévola mirada
concédenos darte gloria en nuestra acción, por todos los siglos.

(fuente: www.ocarm.org)

EL NUEVO TESTAMENTO: DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES AL APOCALIPSIS


Folleto EVC No. 462
ARQUIDIOCESIS PRIMADA DE MÉXICO
"EL NUEVO TESTAMENTO de los Hechos al Apocalipsis"
Autor : R.P. Pedro Herrasti

NIHIL OBSTAT
6 de julio de 1999 Pbro. José Luis
Guerrero Rosado Censor
IMPRIMATUR
13 de julio de 1999 Pbro. Guillermo Moreno Bravo vicario General

EL NUEVO TESTAMENTO
"De los Hechos al Apocalipsis"

INTRODUCCION

LA SOCIEDAD EVC en su empeño de poner al alcance de todos los Católicos literatura religiosas sencilla y comprensible, ha editado una introducción al Antiguo Testamento Folleto 460: LA BIBLIA; a los Evangelios Folleto 461:¿QUE SON LOS EVANGELIOS? y en el presente Folleto 462 aborda el resto del Nuevo Testamento, Hechos de los Apóstoles, Cartas y Apocalipsis, haciendo de los tres una colección sumamente útil para acercarnos a la Palabra de Dios.
La Biblia es un libro difícil de interpretar, porque aunque su mensaje resultaba fácil y sencillo para sus primeros destinatarios, actualmente vivimos en otras culturas y a siglos de distancia. Siendo el Libro de los Libros, es muy complejo y necesitamos de la mano de la Iglesia Católica, Madre y Maestra, para no caer en el error como ha sucedido con los protestantes, que por el principio luterano de la libre interpretación de la Biblia, cada quien ha querido leer en ella lo que le conviene. Por algo ya San Pedro nos advierte que: La Biblia "no es de interpretación privada" (2 Pe-1,20).
Al leer y estudiar la Biblia guiados por la Iglesia Católica, tenemos la garantía de encontrar la verdad. Nadie como ella (tiene veinte siglos de experiencia) nos puede aclarar qué nos dice Dios en este maravilloso libro.
El Nuevo Testamento, además de los cuatro Evangelios, contiene los Hechos de los Apóstoles, las cartas de San Pedro, San Pablo, San Juan, Santiago, San Judas Tadeo, la carta a los Hebreos y el Apocalipsis, 27 en total.
Como en el Folleto 460, nuestra inspiración principal es la BIBLIA LATINOAMERICANA que por estar editada especialmente para los fieles de habla hispana de nuestro continente, no solamente adopta un lenguaje sencillo sino que tiene al alcance de sus páginas, notas explicativas tan útiles, como comprensibles.

HECHOS DE LOS APOSTOLES
Al mismo tiempo que Jesucristo predicó en Palestina la Buena Nueva, durante tres años instruyó a los Apóstoles que El eligió para continuar su obra, ordenándoles antes de ascender al Cielo, evangelizar a todas las naciones.
¿Cómo empezó la evangelización? ¿Qué hicieron los Apóstoles para cumplir su vocación? ¿Cómo nació la Iglesia?
El relato de los principios de la Iglesia Católica es apasionante y es necesario conocerlo, como debemos también conocer su historia hasta nuestros días. No importa en realidad la mediocridad de la mayoría de los cristianos sino conocer las experiencias y hazañas de los verdaderos creyentes, apóstoles y mártires.(Ver los folletos EVC 647:"Nace la Iglesia, de Cristo a Constantino" y el 649: "La verdadera Historia de la Iglesia")
El autor de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas, no fue discípulo de Jesucristo, al que tal vez no conoció ya que era pagano y vivía fuera de Palestina, en Antioquía; pero cuando se convirtió, por su formación greco-latina, se interesó no tan solo en investigar los acontecimientos "desde el principio" sino en consignarlos por escrito.
San Lucas es una bendición para la Iglesia: con una mentalidad más cercana a la nuestra, es el cronista privilegiado que nos transmite, sólo él, por ejemplo, la infancia de Nuestro Señor, que oyó seguramente de los labios de su Madre: la Santísima Virgen María.
San Lucas en los Hechos de los Apóstoles lleva una perfecta continuidad de su Evangelio y nos relata los primeros pasos de la Iglesia en Jerusalén, después de la Ascensión de Jesús. A San Lucas debemos la noticia de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés y presenta la figura de San Pedro como el jefe indiscutible, el primer Papa de la historia.
Tuvo la suerte San Lucas de haber conocido a San Pablo y a partir del año 50 acompañarlo en sus correrías apostólicas habiendo terminado su libro en el año 62.
Hubiéramos querido que un cronista como San Lucas hubiera sido el acompañante de San Pedro y de cada uno de los demás Apóstoles. De algunos de ellos no sabemos prácticamente nada, ni de sus trabajos evangelizadores ni de su martirio. Pero Dios tiene sus planes y debemos agradecerle el haber suscitado la vocación de San Lucas.
Termina el libro cuando San Pablo está en Roma en una casa alquilada, en arresto domiciliario, esperando dos años enteros el juicio del César al cual ha apelado y "recibiendo sin trabas a todos los que lo venían a ver. Proclamaba el Reino de Dios con mucha seguridad y enseñaba lo referente a Jesús" (Hech.28,30-31).

CARTA A LOS ROMANOS.
Si tenemos la suerte de que San Lucas haya escrito su Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, también debemos alegrarnos de que San Pablo haya tenido la idea de escribir hermosísimas cartas a las diversas Iglesias fundadas por él durante sus correrías Apostólicas.
Sin embargo, la más extensa y tal vez la más importante, la Carta a los Romanos está dirigida a una Iglesia que él no fundó. En tiempos de Jesús, los judíos eran numerosos en Roma y se les daba el nombre de "libertos" porque procedían en su mayor parte de los prisioneros de guerra llevados a Roma por Pompeyo.
El día de Pentecostés, San Lucas nos lo menciona, había libertos en Jerusalén y los que se convirtieron y fueron bautizados, al regresar a Roma difundieron la Fe en Jesucristo. Además es admitido que San Pedro se encaminó a Roma en el año 44.
En todo caso, cuando San Pablo en el año 57 escribe esta carta desde Corinto, (Grecia), tenía en Roma muchos conocidos entre los convertidos tanto del judaísmo como de la gentilidad y juzga necesario instruirlos cuidadosamente en su doctrina.
Como escribe a una iglesia con la que no tenía relaciones, la epístola a los Romanos es menos familiar, menos cordial y más doctrinal que las otras. Tiene claramente dos partes principales: la dogmática de los primeros once capítulos y la moral del capítulo 12 al 15. Termina con un largo epílogo de dos capítulos.
Temas importantísimos son por ejemplo: que la justificación no nos viene sino por la Fe; que estamos liberados del pecado, que somos hijos de Dios y otros.
En el aspecto moral, expone nuestros deberes para con Dios, para con el prójimo y para con nosotros mismos.

PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS.
Como vemos en esta Carta, no todas las comunidades cristianas eran un modelo de virtudes. En la ciudad muy activa y corrompida de Corinto, judíos y paganos convertidos al cristianismo formaban una iglesia dinámica pero poco ordenada. Los responsables de la comunidad no son capaces de hacer frente a diversos problemas: divisiones internas, dudas de fe, escándalos. Entonces recurren a San Pablo, que desde Efeso les envía instrucciones sobre el celibato y el matrimonio, la convivencia con los paganos, la manera de realizar sus asambleas, la celebración de la Eucaristía, el uso de los dones espirituales y la resurrección de los muertos.

SEGUNDA CARTA A LOS CORINTIOS.
Tenía San Pablo la intención de ir a Corinto personalmente, pero no pudo hacerlo y aquella comunidad, siempre conflictiva, mótiva esta segunda carta, que tal vez no fue escrita de corrido ya que revela diversos estados de ánimo del autor. Han surgido enemigos de San Pablo como los "judaizantes", empeñados en mermar la autoridad del Apóstol. Por eso fue escrita "entre lágrimas" y San Pablo debe defenderse apasionadamente haciendo un auto-elogio del cual también se excusa.
En su autodefensa, este hombre lleno de Cristo, nos deja bellísimas páginas de lo que significa la evangelización y el hecho de ser Apóstol de Jesucristo.

CARTA A LOS GALATAS.
Galacia estaba ubicada en el centro del Asia Menor y los gálatas habían sido evangelizados por San Pablo y San Bernabé en una misión apostólica detalladamente narrada por San Lucas (Hech.1-14.)
Pero judíos mal convertidos, predicaban que los gentiles, para salvarse, primero habían de someterse a la circuncisión, poniendo más énfasis en ello que en la fe en Jesucristo como único Salvador. Por eso San Pablo escribe dolido a los gálatas, que se han alejado de la pureza del Evangelio. Este tema fue la causa del Concilio de Jerusalén en donde San Pablo defendió con éxito total su posición.
San Pablo escribió esta carta tal vez desde Antioquía o Macedonia y seguramente antes del citado Concilio entre 56 y 57, ya que no hace mención del decreto conciliar.
El tema de la carta es la suficiencia de la sola fe en Jesucristo y la inutilidad de la Ley Judaica y de la circuncisión para alcanzar la salvación.

EFESIOS
El hombre siempre se ha cuestionado acerca del origen y sentido del mundo, del hombre mismo y también del destino final de la humanidad.
San Pablo, preso en Roma ha escuchado las doctrinas venidas de todas partes del mundo y tanto en esta carta como en la escrita a los Colosenses contesta a dichas interrogantes. El cosmos ha sido creado para nosotros, para que "seamos santos e inmaculados por el amor en su presencia" y la meta es la realización del Hombre Nuevo, el Cristo Total, donde nos reuniremos, cada cual en el lugar que nos corresponda, en la unidad con Cristo capaz de abrazarnos a todos en su amor desbordante.
Al mismo tiempo que San Pablo es capaz de revelarnos los más altos misterios del plan de Dios, sabe descender a los asuntos de la vida cotidiana como el matrimonio, las virtudes cristianas y la santidad de vida.

FILIPENSES
Filipos era una ciudad de Macedonia (Balcanes), en donde San Pablo había fundado una comunidad que le era muy querida. Por eso el tono de esta carta es tan distinto de las anteriores: familiar, tierno.
En contra de su costumbre de no aceptar ayuda para no provocar maledicencias, de los filipenses sí la acepta, demostrando la gran confianza que les tenía. El capítulo 2 contiene la hermosa página: "Tengan ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús".
Escribió esta carta estando preso, no sabemos si en Efeso en 56 o en Roma en 62.

COLOSENSES
Cuando San Pablo predicó en Efeso, uno de los que oyeron el Evangelio con más fruto, fue Epafras, natural de Colosas, que al volver a su ciudad les comunicó la Fe, fundando una iglesia muy adicta a San Pablo.
Pero con el tiempo los colosenses ya no se sentían tan seguros de Jesucristo y agregaban prácticas del Antiguo Testamento y rendían culto a fuerzas ocultas que llamaban "ángeles" que según ellos determinaban el destino de los hombres. Se parecían a los que actualmente confían más en devociones como las ánimas o creen en astrología y consultan horóscopos.
En la presente carta, San Pablo aclara la supremacía absoluta de Jesucristo. Problemas actuales como la violencia, la guerra o las drogas, nos deben llevar a profundizar el mensaje de Cristo.

TESALONICENSES 1 Y 11
En el año 50 San Pablo llegó a Tesalónica y como era su costumbre, predicó el Evangelio en la sinagoga, convirtiendo a no pocos, pero despertando la enemistad de la mayoría. Por eso tuvo que huir de ahí hacia Berea. También llegaron sus enemigos y partió para Atenas. Preocupado por la Iglesia de Tesalónica, desde Corinto les manda con Timoteo una primera carta y al saber buenas noticias, les escribe una segunda.
Estos escritos son los primeros del Nuevo Testamento, datando del año 51 d.C.. Una preocupación de San Pablo es orientar a los tesalonicenses acerca de la segunda venida de Jesucristo, que ellos creían tan inminente que algunos habían dejado de trabajar, viviendo a costa de los demás.

TIMOTEO 1
Era Timoteo natural de Listra, hijo de padre griego y madre judía. Cuando San Pablo pasó por Listra, toda la familia abrazó la fe que San Pablo predicaba y éste lo tomó consigo y fue su fiel servidor en el apostolado. Cuando San Pablo, libre de su primer proceso se dirigió a Oriente, lo dejó al frente del gobierno de la Iglesia de Efeso y le dirige desde Macedonia esta primera carta.
Preocupa a San Pablo la aparición de falsas doctrinas que corrompen la verdad del Evangelio y advierte de ello a Timoteo. Vemos como desde los inicios de la Iglesia Católica, aparece la organización jerárquica consistente en Obispos, Sacerdotes y Diáconos. Termina la carta exhortándolo a "cuidar el Depósito de la fe" (6,20), que viene siendo uno de los principales cometidos de los Obispos.

TIMOTEO II
La segunda carta a Timoteo fue escrita ya en la prisión en Roma, cuando San Pablo presiente que su fin está cerca y lo han abandonado todos excepto San Lucas y la familia de Onesíforo. Le pide que venga con San Marcos trayéndole su capa, libros y pergaminos que dejó en Tróade. Aún próximo a morir ("Mi libación está derramada y el tiempo de mi partida se acerca" 4-6) San Pablo predica, organiza, da órdenes, recuerda a sus fieles amigos y está lleno de confianza en Dios a pesar de las traiciones sufridas.

TITO
Sabemos que Tito era pagano de origen y aparece por primera vez en la historia de la Iglesia durante el Concilio de Jerusalén cuando los partidarios de la Ley intentaban obligarle a que se circuncidara.
Acompañó a San Pablo en Efeso y fue enviado por dos veces a Corinto. Fue Obispo de las Iglesias de Creta y estuvo también en Dalmacia. La presente carta fue redactada desde Nicópolis, dándole instrucciones de cómo gobernar su iglesia.

FILEMON
Onésimo era esclavo de Filemón y huye hacia Roma para refugiarse con San Pablo. La solución que éste da al problema es sensacional: una vez convertido y bautizado Onésimo, ya no es esclavo de nadie sino hermano en Cristo de todos los cristianos, incluido su antiguo amo, Filemón y se lo devuelve en calidad de tal.
No es el cambio de estructuras sociales lo que dará justicia al mundo, sino la conversión de los corazones. En Cristo el Señor somos libres, iguales ante el Padre Celestial y hermanos en Cristo el Señor. Mientras no comprendamos y vivamos esta sublime verdad, no cesarán ni las guerras ni las injusticias.

CARTA A LOS HEBREOS
Desde el primer momento el lector puede darse cuenta de que el redactor de la presente carta no es San Pablo, aunque la doctrina sustentada sí lo es: ningún saludo, ninguna amonestación personal, un final distinto. Desde los primeros siglos del cristianismo los estudiosos se preguntaban acerca de su procedencia y de si era digna de ser considerada canónica o no.
Al final se puede decir que el autor es San Pablo, pero el redactor fue alguno de sus discípulos, por ejemplo Apolo, Timoteo o Erasto.
El tema abordado es sumamente importante para el pueblo judío en especial para la clase sacerdotal cuya vida no tenía otro sentido que el servicio del Templo de Jerusalén, con suntuosas ceremonias y numerosos sacrificios. Desprenderse de una tradición milenaria no era tan fácil.
San Pablo tiene que argumentar denodadamente demostrando cómo Moisés, la Ley, los sacrificios, el Templo, etc. No eran sino figura del único sacerdocio, del único sacrificio, de la única víctima que es Cristo.
Seguramente la carta fue redactada por el año 67 d.C., antes de que el Templo fuera destruido en 7O y el culto de la Antigua Alianza desapareciera prácticamente.

CARTA DE SANTIAGO.
En el Evangelio de San Marcos se menciona a un Santiago "hermano del Señor" (Me-6,3) según la acepción amplia del término "hermano" en los escritos bíblicos, que quiere decir en realidad pariente aún lejano.
En todo caso aparece después de Pentecostés como el jefe de la iglesia de Jerusalén y reconocido como responsable de las comunidades cristianas de Siria y Cilicia.
El autor, a diferencia de San Pablo es muy apegado y respetuoso de las tradiciones judías sin perjuicio de la fe en Jesucristo, lo que no impidió al pontífice judío Anano prenderlo y mandarlo matar en el año 62 d.C.
La carta en sí, contiene normas morales inspiradas en los Libros Sapienciales pero desarrolladas en la espiritualidad propia del Sermón de la Montaña
.
CARTAS DE SAN PEDRO, I Y II.
Realmente, por desgracia, no sabemos casi nada de la actividad del Apóstol San Pedro desde el Concilio de Jerusalén. Como mencionamos arriba, hizo falta un cronista como San Lucas para saber más de lo que hizo el primer Papa de la Iglesia Católica.
En todo caso, sabemos que estuvo en Antioquía (Turquía) y que muy sabiamente, como jefe de toda la Iglesia, se dirigió a Roma, centro del Imperio Romano, donde coincidió con San Pablo, aunque por motivos muy diferentes.
Una muy antigua tradición asegura que fue martirizado en la persecución de Nerón en el año 67 y que fue sepultado en la loma Vaticana. Investigaciones recientes llevadas a cabo permitieron descubrir una tumba y huesos señalados corno los de San Pedro, exactamente bajo la inmensa cúpula de la Basílica que lleva su nombre.
Poco antes de su muerte, escribió dos cartas con palabras sencillas a los cristianos de Asia, donde empezaban ya las persecuciones. No son un tratado teológico como las cartas de San Pablo, sino más bien una exhortación dando ánimo a los que sufren, presentándoles el ejemplo de Jesucristo y explicándoles las consecuencias del Bautismo.
Encargó su redacción a Silvano, que había sido también discípulo de San Pablo y de ahí puede provenir que en varios lugares se encuentren los mismos temas de las cartas de San Pablo.

CARTAS DE SAN JUAN.
El Apóstol San Juan, adolescente cuando conoció a Cristo, vivió hasta fines del siglo primero a pesar de que según una tradición fue martirizado en un caldero de aceite hirviendo del cual salió rejuvenecido.
Le debemos no tan sólo su Evangelio sino tres cartas y el Apocalipsis. Y también por supuesto, el haber cuidado de la Santísima Virgen María hasta su muerte y asunción a los cielos.
La primera carta tiene gran parecido a su Evangelio. Al tener al Hijo de Dios, andamos en la verdad, en el amor verdadero y estamos en comunión con Dios mismo.
Pero también precisa los criterios y las condiciones para vivir en la luz y en el amor.
La segunda carta, va dirigida a una dama llamada Electa y a sus hijos, que tal vez simbolizan a una iglesia, para alabar su fe y prevenirla contra los falsos doctores. La tercera la dirige a Gayo, al cual aprecia mucho a la vez que censura a un cierto Diotrefes por su falta de respeto para el Apóstol.

SAN JUDAS TADEO.
Tadeo era hermano de Santiago el menor y tanto en los Evangelios como en los otros escritos pasa sin ser notado. Solo lo conocemos por las listas de los Apóstoles. El historiador Hegesipo, judío convertido del siglo II, nos cuenta que algunos nietos de Tadeo fueron denunciados al emperador Domiciano como "peligrosos", pero al verlos pobres y con las manos encallecidas por el trabajo los dejó libres.
Esta breve carta debió ser escrita para aquellos entre quienes su hermano era conocido, para judíos convertidos. Denuncia a los falsos doctores con acentos parecidos a los de San Pedro. Curiosamente cita a dos libros apócrifos, la Asunción de Moisés y el de Henoc, pero no por considerarlos canónicos sino como obras conocidas en su tiempo. No sabemos de sus destinatarios ni del tiempo en que fue escrita.
APOCALIPSIS.
Terminaba el siglo primero, por los años 96 al 98 d.C. cuando San Juan Evangelista, ya casi también centenario, se encontraba desterrado por Domiciano en la isla de Patmos cuando recibió la inspiración divina de escribir a las siete iglesias de la provincia proconsular de Asia. Lo hizo en el estilo "apocalíptico" ya empleado por algunos profetas del Antiguo Testamento y por el mismo Jesús cuando los Apóstoles le preguntaron acerca del fin del templo y del fin del mundo.
Este género profético es distinto del género común en el Antiguo Testamento: quiere desligarse del presente para trasladarse a edades futuras, al fin de las cosas. Es algo artificioso ya que al mismo tiempo desea escribir para el tiempo presente en el cual quiere ejercer su influencia. Es un estilo alegórico, con visiones imaginarias, describiendo escenas teatrales, con elementos de la naturaleza en acción y los ángeles como directores del movimiento escénico.
con apariencias de precisión cronológica, usa cifras aritméticas y comparaciones constantes ("como zafiro", "parecido a piedra de jaspe", "semejante a una esmeralda", etc.) que no son sino simples aproximaciones como si quisiera decir que las realidades superan toda comparación. Se repite constantemente, el número siete: 7 iglesias, 7 sellos, 7 trompetas, 7 copas, etc. y el número 144 mil, evidentemente simbólico, que no puede tomarse en sentido literal so pena de no entender nada del mensaje profundo del Apóstol.
En esta forma literaria hay que distinguir por tanto, dos cosas: la doctrina y el estilo. Con un estilo muy rebuscado lo importante es la revelación de Jesucristo y su Resurrección; de los peligros, esperanzas y triunfos de los cristianos. Conviene que el lector no olvide esto para que no se deje llevar por la ilusión de muchos visionarios, como los Testigos de Jehová, que pretenden sacar del Apocalipsis cosas y fechas que ni el mismo Jesús quiso decirnos.
Podemos distinguir en este libro cuatro tiempos: el pasado, que abarca la historia antigua del pueblo de Israel; el presente, o sea la aparición del Mesías; el milenio, o sea la paz después de las luchas que amenazan; el fin lejano con la victoria final de Cristo sobre el dragón y la restauración de todas las cosas en Dios.
Si San Juan quiso exponer su comprensión profética de la historia en forma de Apocalipsis, entenderemos su mensaje con tal de no tomar todo al pie de la letra; más bien debemos interpretar sus visiones, cifras, símbolos, según las reglas propias de la literatura apocalíptica. Entonces veremos que el Apocalipsis de Jesucristo, no es ni difícil ni terrorífico, sino lleno de esperanza.
Cristo resucitado es el centro de la historia; el mundo es el escenario de la lucha entre la Iglesia Católica, encabezada por Cristo y las fuerzas del demonio; los cristianos son llamados a dar valientemente su testimonio hasta la victoria final. Por eso la Iglesia exclama confiada: "¡Maran atha!", ¡Ven Señor Jesús!
"No hay más que una Iglesía de Jesucristo, la cual es como un gran árbol en el que estamos injertados. Se trata de una Unidad profunda, vital, que es don de Dios. No es solamente ni sobre todo unidad exterior, es un misterio y un don"
Juan Pablo II

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