6 feb 2013

Comunicado de la CEP sobre la sentencia del Tribunal Constitucional que despenaliza las relaciones sexuales con adolescentes



COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL DEJA A LOS ADOLESCENTES DESPROTEGIDOS FRENTE A SUS AGRESORES
Lima, 24 de enero de 2013

Los Obispos del Perú, reunidos en Asamblea General, expresamos nuestro rechazo a la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que despenaliza las relaciones sexuales con adolescentes.

En el sistema democrático peruano, corresponde al Tribunal Constitucional controlar el cumplimiento de la Constitución. Sin embargo, su reciente sentencia viola el artículo 4º de la Constitución, que establece la obligación del Estado de proteger especialmente al niño y al adolescente, pues al declarar inconstitucional el artículo 173.3 del Código Penal se elimina la especial protección que hasta ahora se les brindaba ante posibles agresiones sexuales.

En efecto, al despenalizar las relaciones sexuales con menores, se deja abierta la posibilidad de que estos sean víctimas de explotación sexual, prostitución infantil, pederastia, embarazos no deseados y abortos, quedando indefensos frente a adultos que los puedan manipular con facilidad hasta lograr que brinden su consentimiento.

Del mismo modo, la decisión del Tribunal Constitucional contraviene, entre otros, el artículo 6º de la Constitución Peruana que reconoce el deber y derecho de los padres a educar y dar seguridad a sus hijos, pues al liberalizar las relaciones sexuales con y entre adolescentes se limita y vulnera la tarea de los padres de preparar adecuadamente a sus hijos para que en el futuro puedan formar su propia familia de acuerdo a los valores que requiere toda sociedad verdaderamente humana.

Como el Papa Benedicto XVI nos ha recordado en su Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz del presente año, no es justo legalizar falsos derechos o libertades que, basados en una visión reductiva y relativista del ser humano, amenazan el derecho fundamental a la vida y a su sano desarrollo físico y psíquico. Es necesario tutelar el derecho primario de los padres de educar a sus hijos en el ámbito moral y reconocer a la familia como el lugar en el que se deben formar los futuros promotores de una cultura de la vida y el amor. Estos principios están inscritos en la naturaleza humana, se pueden conocer por la recta razón, y por tanto son comunes a toda la humanidad.

Por eso, hacemos un llamamiento al mismo Tribunal Constitucional y a los poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, para que se revise y corrija esta vulneración a la Constitución que produce grave daño a la dignidad de la persona humana, especialmente de nuestros niños y adolescentes, e invocamos a la Sagrada Familia de Nazaret para que los ilumine a fin de que no se dejen seducir por ideologías contrarias al bien común de nuestro país.

Los Obispos del Perú

Mensaje de los Obispos del Perú: PERÚ VIVE TU FE



LOS OBISPOS DEL PERÚ EXHORTAN A LOS FIELES A REDESCUBRIR EL DON PRECIOSO DE LA FE
Presentamos el Mensaje de los Obispos del Perú dirigido a todo el Pueblo de Dios, con motivo del “Año de la Fe”:

PERU: VIVE TU FE

Los Obispos del Perú, reunidos en Asamblea a todos nuestros hermanos en la fe les deseamos salud y paz en Jesucristo

1. Estamos en el Año de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI e iniciado ya en cada una de nuestras diócesis, prelaturas y vicariatos. Como continuadores del grupo de los apóstoles de Jesucristo, puestos por Él para hacerse presente al mundo y para reunir y guiar a su Iglesia, queremos expresarles, junto con el gozo compartido de ser sus discípulos, algunas reflexiones que puedan ayudarnos a “redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe” (Porta fidei7).

2. Nos llena de júbilo compartir con ustedes la misma fe en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios y de María, pues en Él encontramos lo que, como personas humanas, todos buscamos: la verdad, el amor, la felicidad de una vida completa y sin fin. Lo diremos con palabras de la asamblea episcopal de 2007 en Aparecida: “Ante los desafíos que nos plantea esta nueva época en la que estamos inmersos, renovamos nuestra fe, proclamando con alegría a todos los hombres y mujeres de nuestro continente: Somos amados y redimidos en Jesús, Hijo de Dios, el Resucitado vivo en medio de nosotros; por Él podemos ser libres del pecado, de toda esclavitud y vivir en justicia y fraternidad. ¡Jesús es el camino que nos permite descubrir la verdad y lograr la plena realización de nuestra vida!” (Mensaje final, 1).

3. Efectivamente, proclamar nuestra fe en Jesucristo hoy es algo tan urgente como necesario, a la vista de los grandes desafíos que afrontamos en esta época, y porque estamos inmersos en una crisis de fe que no sólo dificulta la solución de los problemas humanos sino que los agrava. Esto es así porque, como bien sabemos los cristianos y nos lo confirma el Concilio Vaticano II, “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Pues Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre el misterio de su vocación” (Gaudium et Spes22).

4. Pero esto no resulta tan claro para muchos de nuestros contemporáneos. Hay quienes no sólo lo desconocen o lo ponen en duda sino que lo rechazan. Con la creciente globalización de toda suerte de ideas, experiencias y comportamientos, también va haciéndose lamentablemente común y “normal” el prescindir de Dios y de su manifestación en Jesucristo para definir la vida personal y la organización de la sociedad. Nosotros mismos, discípulos del Señor, aunque –como Él nos dice– no seamos del mundo, por el hecho de estar en el mundo también podemos quedar afectados por el ambiente de increencia que nos envuelve. En consecuencia, recibamos la propuesta de este Año de la fe como “una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo; un tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe, que es decidirse a estar con el Señor para vivir con Él” (Porta fidei6,8.10), puesto que Él y sólo Él es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn14,6).

5. Esforcémonos, pues, durante este año, en redescubrir el don precioso de la fe, regalo que Dios nos da porque nos ama y quiere hacernos partícipes de su misma vida, pues nos ha creado a imagen y semejanza de su Hijo, Jesucristo, el cual, tomando nuestra maltrecha condición de pecadores, se ha entregado a nosotros, convirtiéndose así, para quien lo acepta, en su Redentor, en Recreador de su autenticidad humana. Sin este don, el hombre es como un ciego que no puede ver, como un hambriento que se debilita, como un paralítico que no se puede mover.

6. Sin la fe se está solo, sin Dios. Y sin Dios, el hombre pierde la verdad sobre sí mismo, sobre su real dignidad, vocación y misión. En consecuencia, el mundo no será la casa de la familia, sino una materia que usar sin sentido y sin control. Los otros ya no serán vistos como hermanos con quienes compartir vida y bienes; de modo que, en el mejor de los casos, podemos encontrarnos con actitudes de indiferencia –“¡es su problema!”–, y en los peores, con tantos otros males como, de hecho, nos afligen: celos, envidias, competencia desleal, calumnias, corrupción, injusticias, abuso de poder, violencia contra pobres e ignorantes, robos, secuestros, abortos provocados, homicidios y un largo etcétera de calamidades familiares y ciudadanas, nacionales e internacionales. Para colmo, hay quienes, sin conocerse ni valorarse a sí mismos, se desesperan hasta llegar al suicidio. ¡Pobre del individuo y de la sociedad que prescinden de Dios, pues están demoliendo sus cimientos y, sin cimientos, una casa se hunde!

7. En cambio, la presencia y la acción de Jesucristo, Dios-con-nosotros, que vive resucitado, animando, como cabeza, el cuerpo de su Iglesia que formamos sus discípulos, siempre hace posible, hoy igual que ayer, lo que parece imposible: ciegos que ven, sordos que oyen, muertos que resucitan y personas que dan a los demás, incluso a los enemigos, cuanto tienen: conocimientos, bienes materiales, cuidados sanitarios, amistad desinteresada y, llegado el caso, la propia vida para salvar la de otro. Una sociedad que legisle, gobierne, juzgue, eduque y actúe de acuerdo a la voluntad del Creador sobre la creatura –el mundo y la humanidad– a la que Él da vida, es una sociedad con cimientos indestructibles: progresarán en ella todos sus miembros, y multiplicarán sus posibilidades por la fuerza de la solidaridad en la que se reconocen y con la que interactúan, fruto y reflejo del Creador y Dador de la vida, que es comunidad de Tres en la unidad de su recíproco amor.

8. Con personas así, el mundo tiene futuro. Un futuro que no es capaz de impedir ni siquiera la muerte. El temor a perder lo que se tenga a la mano más acá de la muerte, como si todo fuera eso y no existiera nada más, es lo que ocasiona tanta violencia y sufrimiento. Quien sabe que Jesucristo ha resucitado sólo teme perderle, seguro de que, teniéndole a Él, nada le faltará, porque todo ha sido creado por Él y para Él; y Él se lo entrega a quien, aceptándole, ya en adelante vive pensando como Él, sintiendo como Él, hablando y actuando como Él. Ésta es la vida que brota de la fe: una vida cristiana, una vida unida a la de Cristo, como la suya: vida auténticamente humana, divina.

9.
 ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si, al fin, se pierde a sí mismo? Este aviso de Jesús ha de animarnos a mantener nuestra fe en Él y a crecer como discípulos y misioneros suyos, pues la Buena Noticia de la Vida que recibimos de Dios Él la quiere para todos, y cuenta con nuestra colaboración para difundirla. La fe se agranda cuando se comparte. A todos –laicos, religiosos y ministros ordenados–nos llama el Señor a trabajar en su viña para que nadie pase hambre ni sed, para que nadie se pierda lejos de su Casa, sin Él. Por lo mismo, junto con el Papa,“deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza. Al mismo tiempo, esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe hacer propio, sobre todo en este Año” (Porta fidei9).

10.
 “El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida” (Porta fidei14). Es Él quien nos lo dice: “Lo que hicieron con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25,40).

11. Dios se ha dado a conocer en su Hijo hecho hombre, Jesucristo; y hoy se hace presente al mundo en la humanidad visible de la Iglesia que formamos nosotros, sus discípulos. Para que así sea, para que no seamos estorbo que impida encontrarle a quienes le andan buscando, oremos unos por otros y vivamos como Iglesia profundizando en el conocimiento de nuestra fe, bebiendo en la fuente de los sacramentos, ayudándonos a permanecer unidos en Jesucristo. De tal forma que sea Él a quien encuentren en nosotros cuantos se nos acerquen, así como muchos lo encontraron en nuestros queridos santos peruanos, para gloria de Dios y alegría de la humanidad.

12.
 Nos despedimos recordando una de sus preciosas palabras, válidas y eficaces permanentemente: “Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho esto para que gracias a mí tengan paz. En el mundo tendrán que sufrir; pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo. Volveré a verles y se alegrará su corazón, y su alegría nadie se la podrá quitar” (Jn16, 32-33; 16,22).

Fraternamente, en Jesucristo y María, la bienaventurada por haber creído, y, por ello, madre suya y nuestra, a quien pedimos interceda por nosotros para que creyendo, amemos, y, amando, gocemos de la vida y la felicidad que nunca se acaban.

Los Obispos del Perú
Lima, enero de 2013 








31 ene 2013

La Navidad en nuestra Parroquia Nor Yauyos

Como en todo el mundo cristiano, aquí también hemos pasado una hermosa navidad, nuestra gente según sus costumbres se acercaron a celebrar el cumpleaños de nuestro Redentor.



Un paseíto por las Islas Ballestas (Paracas)

Gracias a nuestro Obispo, un buen grupo de sacerdotes después de nuestro encuentro sacerdotal nos fuimos de paseo por Paracas, una experiencia inolvidable.











Cuándo un ser querido se nos va

Hoy he estado en Huancaya, celebrando la Santa Misa de cuerpo presente de nuestra hermana Francisca. Es conmovedor cuando un ser querido se nos va, aunque como católicos sabemos que la vida no termina con la muerte, y los que creen en Cristo viven para siempre, es natural que quede un vacio en nuestra vida, pero con la ayuda de Dios se tiene que ir poco a poco superando.






Se dio inicio a la construcción de la torre gemela de Huancaya



Hace unos 15 días se dio inicio a la construcción de la torre gemela en la Iglesia de Huancaya, debe estar por concluirse en unos tres meses, al finalizar la obra debería quedar así:

Aquí algunas fotos tomadas durante el día de hoy:









Mina Yauricocha: Con el grupo de geología

En el ámbito de nuestra Parroquia atendemos al personal que labora en la Mina de Yauricocha, por cierto son muchos. No todo es trabajo, la gente también necesita acordarse de Dios, en esta ocasión compartimos la bajada de Reyes, con algunos ingenieros y trabajadores del sector de geología:








Paisajes de la Parroquia Nor Yauyos

Estas fotos fueron tomadas en la laguna de Piquicocha, hace unos dias.
Es una belleza impresionante
no se pierdan 
visiten nuestra parroquia.







Santísima Trinidad de Tomas: Fotos del Interior de la Iglesia

Aquí algunas fotos de como quedó el acabado de la Iglesia:

Imágen del Sr. de Cachuy








San Josemaría
Pero aún nos falta amueblar y conseguir los recursos litúrgicos de la sacristía, agradecemos la generosidad de algunas personas por colaborarnos con:
Los Parlantes
Los micrófonos
La Vinajera
Un órgano electrónico

y sus donativos para un mueble...

seguiremos trabajando con el apoyo de uds.

ACTUALIDAD:

 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...