28 feb. 2014

Padre Clemente Ortega, fue párroco de la nor Yauyos durante muchos años


CLEMENTE ORTEGA OBREGÓN

El Padre Clemente nació en Nava, Oyón, al norte de Lima. Es primo del Obispo de Juli, Mons. Josemaría Ortega, y está emprestadito a esa prelatura. Las leyendas de la edad de oro cuentan que Clemente joven fue a Cañete para avisar a su tío Toribio que una vaca estaba mal, y, que ya allí, se quedó en el Seminario. Dicen que su vocación se la debe a una vaca. Dios se puede servir de una vaca.

Le gusta la sierra. Desde que comenzó su ministerio pastoral ha laborado en la zona de Yauyos, Matucana y Juli. Cuando le bajaron a la costa de Pacarán, hizo muchas novenas a San Josemaría para que le enviaran nuevamente a la sierra: en seis meses lo consiguió. Cuando baja a la costa y hace calor, se siente como cordero degollado.

En los años 90, en las alturas de Chaucha y Negro Bueno, zona norte de Yauyos, los terroristas le quemaron el carro porque ya hacía tiempo que le amenazaban pero nuestro padrecito no se arredraba con sus palabras. Ayudó a que muchos de sus fieles, acusados de terrorismo, se acogieran a la ley de arrepentimiento que brindó el gobierno de Fujimori.

A todos los sacerdotes jóvenes que viven con él y son sus vicarios les llama “mi párroco”, y este apelativo lo conserva hasta el fin. Les trata como príncipes. Se levanta de madrugada, cuando llegamos a la Iglesia a rezar, él ya está acabando todas sus oraciones y luego se pone a preparar un delicioso desayuno. Estas cosas animan a imitarle. Le gusta jugar el fútbol con su gente y con cualquiera. A más de sus 50 años hace bailar a algunos sacerdotes de 30. Sabe meter goles olímpicos. En la zona norte de Yauyos le llamaban el “padre pampero”, porque sacaba tiempo para jugar el fútbol en cualquier época. Era el patriarca de la zona.

No le gusta que le celebren su cumpleaños. Antes y después del 22 de junio suele hacer sus obligatorias visitas pastorales a la punta del cerro y pasar el aniversario de su nacimiento con su gente. Todo lo que sea formalidad no le gusta y si puede evitarlo lo hace. Salvo estas cosas, tiene mucho celo apostólico. En su paso fugaz por el Seminario Mayor –antes de partir a Juli-, les llenó de ánimo apostólico a los jóvenes. Su frase célebre fue: “el mundo es nuestro, Campeón”. Los fieles de La Huaca de los Chinos y Hualcará lloraron su pronta partida.

Es un párroco de bandera. Acerca a su gente a Dios. Acompaña velorios, a veces, hasta la madrugada, evitando así que muchos no puedan beber licor más de la cuenta, y cuando ya el padrecito se va, los borrachitos se alegran porque pueden probar su elixir. Sus homilías son muy comentadas por los fieles de las parroquias por donde pasa. Ahora en Juli, predica bonito. Cuenta con mucha emoción la parábola del hijo pródigo que hace llorar a los niños de las escuelas que visita. Es el Crisóstomo del Altiplano, de Juli, la Roma de América.

También ayuda a los pobladores a desarrollar labores sociales. En Alis, ayudó a que pongan una piscigranja y puedan tener ingresos comunales; en Tomas ayudó a instalar un CEO para desarrollar la artesanía; en Tuna y Tupicocha, con la ayuda de Cáritas, hicieron un proyecto para entubar 30 kilómetros el agua. Esto llevó a unirse ambos pueblos que se tenían mucha rivalidad. Ahora, en Juli, están desarrollando artesanías con lana de alpacas, con la colaboración de expertas españolas.

Durante mucho tiempo se resistió a usar internet, pero ya cayó. También decía que el celular esclavizaba, pero, igualmente, cayó el último bastión de la resistencia a la tecnología. Escribe cartas que todas son para publicar. Adjunto una de sus últimas cartas que reflejan su espíritu sacerdotal.

Juli, 19 de Marzo de 2010
Queridísimo
Con mis especiales saludos, en vísperas de la solemnidad de “Nuestro Padre y Señor: San José”, le pongo unas líneas, aunque dentro de unos días tendré la alegría de verle y saludarle. Desde estas tierras del Altiplano quiero unirme a cada uno de ustedes, viene a mi memoria los festejos “antaños”, cuando nos cobijábamos al calor paternal de mi queridísimo Obispo, Mons. Luis, y nuestros hermanos mayores, quienes venían al Seminario a depararnos muestras de cariño y esperanza, realmente estábamos arropados de tanto cariño y era una muestra del Amor de nuestro Buen Dios.
La Celebración litúrgica, donde relucía la vestimenta de gala (la mayoría eran “punto cuarto”, es decir que procedían de Cáritas, las que eran recogidas de algunas parroquias generosas que nos hacían llegar, otras eran donadas por la recordada Madre Eva -Dominica de Cerro Alegre-); ya se puede imaginar los preparativos para la ceremonia litúrgica (los cantos, encargos, … ¡¡todo bajo la mirada y gusto exquisitos de Mons. Luis). Luego la tertulia, siempre habían invitados de polenda; el almuerzo, la tertulia..) Poreso quisiera unirme a todos ustedes de manera muy especial, pareciera que me invade una nostalgia, no sé si será por los años que uno lleva sobre sus hombros o es que uno se vuelve demasiado nostálgico.
Aprovecho, en esta fiesta de San José, que a todos los sacerdotes nos haga muy fieles, muy leales, muy genersosos, muy sacrificados, muy heroicos… ¡el mundo nos espera!, no es un simple decir!, es una realidad que la “toco”. Hace unos días fui a una comunidad para celebrar la Santa Misa; llegué a la comunidad, el tiempo estaba lluvioso, la planicie empantanado por el lodazal… había unas cuántas personas preparando el salón donde se realizaría la ceremonia litúrgica; me saludaron con mucho cariño, entre ellos había un viejito medio ciego, bastante sordo… me saludó un poco frío, en realidad no caía en la cuenta quién era el que lo saludaba; al poco rato me puse la sotana, cuán no sería la sorpresa y alegría del viejito, con su aymara y emoción me abrazaba y besaba la mano, en su aymara me pedía que le confesara; al poco rato, el Director de la Escuelita se me acerca en plan de entamblar una conversación, y yo fui directo al grano: si estaba casado por Iglesia, si creía en Dios…, emocionado me respondía con una gran sencillez, al final le invité a que seconfesa, pues ¡muy emocionaod pedía a que le confesara!: ¡¡era la primera vez que se confesaba!! Y luego me dicen unos “liberadores” ¿que la gente no saben lo que es el pecado? La gente -en cualquier parte del mundo y de todas las condiciones tienen la conciencia de lo que es el pecado! De ahí que ¡el mundo es nuestro!, ¡Somos necesarios ´para la humanidad! En cierta ocasión, un penitente en la iglesia de Pomata me dijo lo siguiente después de la Santa Misa: “Muchísimas gracias Padre, si no es por ustedes qué sería de nuestras vidas!, nosotros los hombres lo necesitamos, gracias por atendernos en la confesión!” ¿Bonito, no es verdad, Padre Leoncio?. Poreso le pido a San José que a los seminaristas y sacerdotes nos ¡¡haga muy fieles!! y como una retribución a nuestros buenísimos obispos y sacerdotes de la “primera hora”.
Dentro de unos minutos salgo a otra comunidad, donde tengo Misa Mensual, en la mañana estuve en la Escuela de una Comunidad, donde tuve la Santa Misa con los niñpos y profesores; ya se puede imaginar la gozada de todos ellos por tener la Santa Misa, aunque no lo entienden bien, pero ¡¡quieren rezar!!, tienen una religiosidad impresionante, pero hay que educar en la doctrina.
Bueno un abrazo fuerte y oraciones. No se olvide de encomendarme ante los restos de mi amado padre y maestro Mons. Luis. Un abrazo fuerte y especialísimo para Mons. Ricardo y P. Frutos, diles que mi silencio es suplido por mis recuerdos y aagradecimientos con gemidos inefables de un hijo.
Atentamente.
P. Clemente.


Juli, 23 marzo 2010

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